Somos sombras en el aire que desploma armonías y sueños en presente, donde nos transformamos en vaivenes por las olas.

miércoles 20 de enero de 2010

Cuenta gotas.

Éramos los amos,
campeones que entre sueños
vuelan
surcando mares.
Corríamos tanto
que las pisadas
perdían
sentido.
Fueron perdiendo
más que fuerza,
gracia
y entusiasmo.
Perdieron el rumbo.

Darnos la mano,
escaparnos
de los soles,
aullar como fanáticos,
dejar que las noches
transcurrieran
con sorpresas;
augurar milagros,
presenciar desmayos,
predecir palabras
y abducir los besos...
se quedó
en miramientos
nunca dados. Solo
verbos
que al conjugarse
desaparecen
como el viento.

-Las serpentinas
llegarán tarde
o temprano -dijiste.

-Será tarde -te dije.

Quizás demasiado tarde
pues
se nos hizo
el arroz
sin darnos cuenta
que se pasa
el tiempo
y
evapora el agua,
pendenciera.

Así es como nos quedan
los hechos
dejándonos sin saber
la verdadera historia
truncada
por distancias,
sueños
y episodios
soltados
a cuenta gotas.

jueves 7 de enero de 2010

Así fue.

Isidora fue una dama
hasta que le pidieron lo contrario.

Una noche,
lo recuerdo muy bien,
cuando el tiempo se volvió distante
con su boca larga y arrebatos
en tertulias que interponen
pensamientos a hurtadillas,
las olas fueron amainando
pretensiones, mientras le decían:

-El sol será quien cobije
nuestras pieles,
olvida las untadas de pomadas,
los disturbios, la incongruencia,
el sonido del cuervo
que me enerva hasta los ojos;
deja también
incrustadas las palabras
de los aires
que levantan controversias.

Isidora
interpretó como quiso
las razones.

Entonces caminó,
y caminó más,
tanto
que las suelas
de sus zapatos se rompieron,
pero no se detuvo y siguió
con su andanza
40 000 años
más.

Después
le pidieron dejar de ser una dama,
fue el mar, fueron las olas,

y así fue.

miércoles 6 de enero de 2010

Mala hora

No puede ser que pasando el tiempo
se rasguen los cimientos,
¡maldito corazón!, ¡doble serpenteada
y carruajes de por medio!
Saco de guadañas, porque te veo
y siegas, lobo capaz
augurando ovejas
algodón
y distracciones oportunas.

Ahora entiendo tu desnudez,
sensata, aliciente y desconcertante
juglería. Y me enfermo. Y
me duele. Saberme roto
amaña el juego con escupidas
no valientes en aforismos
relegados a boñiga.

Fuimos dagas
y ahora pensarte
es el avatar
de mi existencia
en otras vidas.

Añoranza no, ni un reclamo
pleno en avaricia
será dejado por bandera,
solo los ungüentos
del recuerdo
mascullarán
refranes que dijimos
y
que refrescaron
con caricias bien logradas
y besos que encarnaban
pensamientos
llenos del instante
emotivo reflejado
en nuestros ojos,
cómplices
estornudos.

Hoy me duelen los amaneceres.
A eso vienen las palabras
que me estrechan
con ahinco.

Sucede que hasta el hambre
a decidido abandonarme.

martes 29 de diciembre de 2009

Cadaverín. 1

1


Los árboles habían amanecido de maravilla. Ninguna queja tenían. El sol les hacía resplandecer como si fueran sacados de un cuento de hadas. A pesar de haber llovido toda la noche, a estas horas de la mañana se podía respirar una frescura que incitaba a inhalar, exhalar y cerrar los ojos de gusto. Las 10 de la mañana estaban haciendo justicia al Reino. Más que aire fresco, se respiraba paz, una paz que al combinarse con el canto de las gaviotas, se transformaba en felicidad.

-Buenos días Princesa.
-Buenos días Warrín. -Contestó adormilada.
-Hoy hace un día estupendo, déjeme recomendarle un paseo, quizá podría estrenar el abrigo rojo con capucha.
-No sé, estoy cansada, me duelen las piernas y aún sigo con gases.
-Como usted guste, yo solamente decía... bueno, da igual. ¿Quiere que le traiga el desayuno a la cama?
-Mmm... no, ya bajaré más tarde. Gracias Wa-Rín.

La Princesa tenía una enorme habitación donde gozaba de todos los lujos imaginables: una cama con dosel se situaba en el centro; las mesillas de noche, elegantes en todas sus partes, eran las que guardaban como un gran fuerte sus extremos. El armario era más grande que la habitación, el baño, la cama y las mesillas de noche; si en algo se distinguía la Princesa, era en la gran cantidad de ropa que poseía; tenía de todos los tipos, de todos los colores y variedades que se podían tener; incluso era dueña de ropa exclusiva fabricada en países lejanos, como Francia y Rumanía. Era increíble la cantidad de vestimenta que podía almacenar.

A las 12 del medio día se levantó de la cama: la pereza hacía mella en sus pasos haciéndole parecer una vieja de 90 años, o más. Al entrar al baño, se desnudó, no sin antes haber preparado la bañera con sus jabones aromáticos traídos de Persia. Estuvo una hora y media disfrutando de los placeres que la vida le otorgaba por ser hija del Rey: Su Majestad Muertaco. Tardó casi 40 minutos en decidir cómo vestirse, claro, con tanta ropa era casi imposible elegir deprisa. Vestía -como siempre elegante-, un vestido con escote en V que le llegaba a la altura de las rodillas. Era rojo con figuras que simulaban flores silvestres negras, y conjuntaba con las botas, el abrigo y su pequeño bolso de maravilla. Tenía un exquisito gusto para vestir, y no escatimaba en tiempos para lograr su cometido.

No tenía hambre, aun así bajó de su habitación, y en la sala se encontró con su madre: Su Majestad la Reina Vivilla.

-Hola madre. ¿Sabes algo de las fiestas que Lord Batato piensa dar en honor de Ciruelico, su hijo?
-Ay querida... siempre preocupada por los eventos sociales. Pues no, aún no dan razón los Batato de sus intenciones, pero no te preocupes, ya sabes que si alguien tiene que enterarse en este Reino de lo que en él sucede, soy yo, y claro está, tu padre. ¿Has almorzado?, deberías, Wa-Rín ha hecho un sushi estupendo; lo ha preparado con las algas que hemos pedido a los grandes cocineros de Japón, seguro que te encantará.
-No sé, tengo gases, muchísimos y de los apestosos, y no quiero comer algo que haga que este mal continúe.
-Ay Cadaverín, siempre con gases, yo creo que lo que te hace falta es cagar más seguido, verás que si lo intentas te sentirás mejor. Deberías hacerle caso al médico: “caga el rey, caga el papa, caga hasta la mujer más guapa y de cagar, NADIE se escapa”. Tú sabrás.

El Reino del Potor seguía con la tranquilidad que los caracterizaba. Los árboles, inmutables, continuaban con su larga espera, la de los cientos de años en silencio.

jueves 24 de diciembre de 2009

El Principio.

Pasó que
no quiso presentarse más,
se había muerto el escritor,
se había suicidado la esperanza
que tanto daba por saco
como perlas a los cerdos.

Arrumbada en los ojos del olvido,
suspiró.

Carecía la nostalgia de molares
como para insinuar con los bocados
el sereno.

La insistencia,
pendenciera compañera
de juego y
parrandas,
adolecía en su cama.

Dejé que el viento silbara,
que las cornetas menguantes
cantaran estribillos con soltura;
daban igual tantos estropicios,
ya estábamos pendientes de un ojete
estropeado por el uso.

Ella
suspiraba
casi
entre
sollozos.

-Parecía dolorosa
la noche, aun así
no lo era-

Los cohetes,
petardos de la noche,
hicieron atavíos
a la velada.

¡Qué gracia
en sus colores!

Sus formas llenaban
de sonrisas la melcocha,
todo era un arrabal
de sensaciones.

Ella y yo,
entonces,
coincidimos.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Antes de ayer.

Cuando te desnudaste
pude comprobar lo que ya tenía en mente,
exquisita mujer
alada.
Tu piel me dejaba claras las ideas
de poseerte, de
encajarte los dedos
en la espalda
y
morderte el cuello
lujurioso.
Recorrerte las piernas
solo era el principio
de mis andanzas
por tu cuerpo,
ser de mar
de fuego
que con el tacto arden
las pasiones.
Humo.
Los infiernos,
entonces,
me envidiaron.

domingo 13 de diciembre de 2009

Cuentas pendientes.

Cuenta los silencios y
déjate llevar por el alboroto,
que no sea un freno, que sea
quien pise tu acelerador
frenesí.

Una copa,
un trago y olvidemos las historias
envolventes de solventes.

¿Te parece si nos emborrachamos,
nos desnudamos
y hacemos el amor
como locos?

Bueno,
también podemos dar un paseo
y ver el atardecer
si quieres.

jueves 10 de diciembre de 2009

Las cabronas.

Algunas veces las piedras
también entienden de verdades.

No todos somos lo que los vagones dicen
cuando callan
sus andenes

pero la verdad pesa entre estaciones
sonetos
y pesadumbres de la tarde.

La noche es otra cosa
tendida en macetas.

Es como estar despierto
sin luna

como mascar chicles de controversias

como augurar inocuos pensamientos
aunque ya se hayan escrito
varias nubes.

Otras veces
quienes nos estorban son los caminos

estos diáfanos senderos
que en ocasiones perturban
los andares.

Maldecir sobra cuando uno asoma la mirada
y las risas ya están sentadas
en la fiesta.

No me quejo de las piedras.

También saben ser amigas
las cabronas.

lunes 7 de diciembre de 2009

Una por ti.



Anoche estuve perdido
entre gente
sonidos
y soles que en tinieblas
me hacían recordar té
y pensar en tildes
sabiendo que tubas sonaron a lo lejos.

Nunca me hallé.
Pongo un seno por testigo.
Pongo dos.

Pongo las cartas sobre la mesa y
nos callamos los goznes sin presura,
deletreándonos
caricias
mientras enredamos la boca
anudando
nuestros labios.

¡Qué cansino es este ardor!
Inexistente controversia.
Ceguera.
Ignominia.

¡Hemorroides
en el culo!

sábado 5 de diciembre de 2009

Enredado

Ojos negros
princesa

negros como la noche
que espera por tus besos
y sigue con los pasos
acordados.

Estas velas
casi inoportunas

son como aliados
que por la vena
dejan sin vacilar
sus argumentos

por eso vivo

por las razones
que en vastos momentos
organizas
sin sazones.

Diva

eres
una palabra que entre rocas
olvida
sus instancias

miseria instalada en adjetivos
que pierden
y lloran
en silencio.

Tierra de mil nombres
ensartados con sigilo

vísperas que enloquecen
pesadumbres
azarosas

lúgubre armonía
escurriendo por los campos
en maizales.

Luna.

Pierdo los semblantes con tu nombre
aguardiente

ahora la noche puede caer entre mis muslos

nada perdura en el silencio

ni tus luces alumbran la mirada

somos astros pretendientes

y llega la mañana
maniatando controversias
continuando y respirando

latiendo

organizando las veladas
una y otra vez
entre dos mundos

de estar vivos
de rozarnos las mejillas
y besarnos los contornos.

Qué perdidos somos al nombrarnos.

Pero

nos hemos encontrado en un abismo
sofocando nuestras olas
que ahogaban los suspiros
en tinieblas

corazón de los enredos.